¿Se puede construir un sello personal de la voz?

Todo locutor profesional se enfrenta al desafío de estampar en su voz su sello personal, esa cualidad vocal e interpretativa exclusiva que le distingue de los demás, ese signo peculiar que provoca que una voz sea inconfundible, que se reconozca fácilmente frente a otras. Es, por decirlo de algún modo, la firma del que habla.

En general, el sello personal de un ser humano está compuesto por un conjunto de acciones que reflejan quiénes somos, que nos definen y nos diferencian y que establecen la forma en la que impactamos sobre nuestro entorno. Es una seña de identidad, un activo inmaterial que surge a partir de las características particulares, los desarrollos profesionales y los comportamientos habituales y que impregna todo lo que vivimos, hacemos y decimos.

Sin duda, la voz constituye uno de los aspectos más relevantes de la singularidad individual y de la manifestación de la personalidad y, por tanto, es uno de los elementos determinantes del sello personal. No en vano la voz es el instrumento por excelencia de la comunicación interpersonal, la correa de transmisión de los pensamientos, el vehículo que permite materializar los sentimientos y las emociones… en otras palabras, el puente que se tiende entre el alma y el mundo.

Sabemos que nuestra voz puede sugerir señales concretas y también sutiles acerca de nuestro género, edad y ciertos trazos de nuestro carácter, pero resulta sorprendente que incluso sea capaz de generar una primera impresión acerca de una persona. Esta es, al menos, la conclusión que se desprende de una investigación dirigida por el psicólogo Phil McAleer para la prestigiosa Universidad de Glasgow (Gran Bretaña). McAleer grabó a 64 hombres y mujeres y extrajo de cada locución un clip de audio de tan solo 390 milisegundos de duración que contenía la palabra “hola”. El objetivo era saber si, al escuchar esa fracción de segundo, se podía detectar algún perfil del temperamento de un sujeto de entre los diez establecidos, que incluían, entre otros, agresión, calidez, confianza o fiabilidad. La inmensa mayoría de los 320 participantes en la prueba percibieron al instante algunas de esas particularidades únicamente oyendo ese pequeño fragmento. Este experimento nos puede trasladar una idea aproximada de la extraordinaria importancia que tiene la voz y de lo fundamental que resulta para un locutor profesional imprimir un marchamo especial sobre su registro vocal.

El sello personal no es opcional, todo individuo lo tiene y puede ser positivo, negativo o neutro. En este sentido, cabe preguntarse: ¿Es posible modificar el sello personal? En realidad, el sello personal se escapa del control consciente y no hay recetas universales que contribuyan a concretar ese modelo distintivo de expresión, pero hoy en día existen una serie de técnicas englobadas en el concepto de personal branding que permiten implementar soluciones estratégicas destinadas a fabricar una etiqueta propia con el propósito de proyectar la mejor versión posible de uno mismo para promocionarse en los aspectos personal, de interacción social y de actividad laboral.

El personal branding nos indica que se puede influir en la marca personal y nos conduce a cuestionarnos si un locutor puede construir el sello personal de su voz. En este caso tenemos que afrontar la coyuntura de que la voz de cada ser humano está dotada con unos matices y textura únicos e irrepetibles que la distinguen sustancialmente de las demás. Y esto es debido al timbre vocal. El timbre es el espectro específico en el que suenan las distintas voces, de tal manera que dos sonidos de la misma altura, intensidad y duración pueden diferenciarse por el color sonoro de la voz. Podría decirse que el timbre es el ADN de la voz, su “huella digital”, su naturaleza intrínseca. El hecho incuestionable es que no existen dos timbres de voz iguales. El timbre vocal viene marcado por la morfología de una persona y, en una proporción menos destacada, por su bagaje educacional. Por tanto, difícilmente se puede alterar o transformar. Sin embargo, sí es posible ejercitarlo para potenciarlo y mejorarlo.

No obstante, alcanzar un timbre armonioso y afinado no basta para forjar el sello personal. Es necesario cultivar el resto de atributos de la voz, es decir, el tono, volumen y velocidad que, a diferencia del timbre, son rasgos vocales sobre los que sí es posible actuar, instruirse y profundizar. Gracias a este triunvirato el locutor logrará conferir emoción, intensidad y ritmo a sus locuciones y suscitar el impacto que desea sobre sus oyentes.

Diseñar el sello personal de la voz es un factor clave para lograr el éxito en el ámbito de la locución. Se puede edificar el sello personal de la voz a base de análisis, aprendizaje y práctica. Cuando el sello personal está bien definido y convenientemente ensayado se automatiza y fluye de manera espontánea y natural permitiendo al locutor crear un estilo propio, representativo e inimitable.